Volver a escribir con tinta
Hay quien dice que uno vuelve a los lugares en los que se sintió bien. Para mí esa reconexión se dio en el momento en el que volví a disfrutar de escribir con lapiceras de pluma (las que en otro lado llaman plumafuentes).
Aprender a escribir y disfrutar de lo nuevo
A la edad de cuatro años mi hermana mayor (a quien le mando un abrazo enorme al cielo) me enseñó a leer y escribir jugando. En la casa de mis padres había unas pizarras que habían quedado de un almacén que tuvieron años atrás y con unas tizas, un borrador e imaginación ese espacio se convirtió en una escuela.
Para evitar que ensuciara todo no me permitían escribir con lapiceras a pesar de que era lo que quería porque así escribían los grandes. En la escuela se permitía usar tinta a partir del tercer grado pero debo haber sido hiper insistente por lo que me dejaron usarla en casa años antes.
Desde esos tempranos tiempos hasta el colegio secundario disfruté mucho de escribir con pluma, teniendo siempre papel secante, borratintas y por supuesto uno o dos cartuchos de repuesto.
El distanciamiento.
Ya en el colegio secundario tuve profesores que desconfiaban de la tinta lavable porque decían que uno podía borrarla y mentir en los exámenes. A partir de ahí obligadamente pasé a usar biromes 1 hasta finalizar esa etapa de mi educación. Luego llegó la facultad en la que para tomar apuntes rápido tampoco era fácil usar la pluma que requiere un poquito más de paciencia que una birome. Además cuando dejé la carrera de derecho y me dediqué a estudiar música cambió todo. Una profesora siempre nos decía que “Los mejores amigos de un músico son el lápiz y la goma de borrar”. Por lo que todo se hacía con lápiz, incluso los exámenes para escándalo de mis profesores de secundaria.
El reencuentro con el placer de escribir.
Con los años (muchos) sucedió que mi trabajo como músico profesor de guitarra se digitalizó totalmente. He pasado años sin escribir una partitura a mano ni corregir una hoja de un alumno de otro modo que no sea digital. Hacía todas mis notas de alumnos en la laptop o en el teléfono y solamente escribía a mano listas de mandados o alguna anotación ocasional. Pensándolo un poco más cuando estudiaba alguna obra en partitura usaba el lápiz mecánico para anotarla y digitarla (cosas de guitarrista).
Hasta que un día me resultó insoportable escribir todo en la computadora y me propuse tener un cuaderno en el que tomar notas, llevar mi día a día y un diario personal para desintoxicarme un poco de estar todo el tiempo frente a la pantalla.
Ahí sentí la necesidad de que escribir eso no solo fuera una especie de tarea sino que también fuera un placer y recordé mi amor por la escritura con lapiceras de pluma. Empecé a buscar en mi casa y obviamente no había ninguna. Hacía más de dos décadas que no usaba una de estas y cuando salí a buscarlas en mi ciudad fue casi imposible encontrarlas porque casi nadie tenía y la que conseguí me resultó bastante incómoda.
Así que busque en internet y me enteré que podía comprar lapiceras de esas que tanto me gustan en China y hacer que me las enviaran a mi casa. Hice un primer pedido para probar si llegaban y cuando las tuve en mis manos me puse muy contento.
Luego de años tengo nuevamente el hábito de escribir por placer y lo uso para ordenar un poco el caos de mi cabeza. Incluso con ayuda de mi esposa hice un cuaderno tipo Traveler Notebook con cuero y le voy cambiando los cuadernitos internos a medida que los termino, pero dejo eso para otra publicación del blog.
Más adelante contaré lo fácil que es conseguir lapiceras y tintas online a un precio muy accesible, y también cómo hacerse un cuaderno tipo Traveler sin pagar un dineral solo porque son “de marca”.
Espero que quienes alguna vez hayan disfrutado de escribir puedan reencontrarse con eso tan personal y tan lindo que se siente cuando la tinta va entrando al papel.
Será hasta la próxima 🧉

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así les llamamos a los bolígrafos en Argentina. ↩︎